Dialogo entre seres blandos


En colaboración con Sofia Carvajal

A: El asco que me da desasquerorizar lo asqueroso. Pasos a seguir para dejar de tenerle asco a lo habitual: comparte ideas con ello y compartirán un cuerpo. Cuando tomamos kombucha, ¿nos estamos comiendo las palabras del S.C.O.B.Y.? ¿El diálogo que este genera es instrumentalizable y consumible para nuestro arte? ¿Esto es arte o una conversación entre amigas? Desasquerorizar: verbo de desmoralizarse, una catástrofe sin tragedia… No es tan malo tener asco. Soy una cáscara blanda y la S.C.O.B.Y. también. ¿Será que le pongo nombre para hacerla mi amiga? ¿O los nombres me acercan más a la humanidad que quisiéramos alcanzar, mas nuestra naturaleza asquerosa nunca nos permite? Mejor no tiene nombre. Oye, sin nombre, ayúdame a fracasar en mi lenguaje para poder entender más el tuyo. “¿Amor no es cuando no se da nombre a la identidad de las cosas?”, dice Clarice Lispector, y yo concuerdo con ella. Oye, Sofía, ¿tú qué piensas?

S: Pienso en ella como un ser vivo. ¿Estamos dialogando entre las tres o solo consumiéndola? Acercarnos a lo asqueroso puede ser una pista para entender cómo funcionamos, qué valoramos, qué ocultamos, qué rechazamos. Intentamos aislar, invisibilizar lo que no entra en nuestros cánones: materia que crece, que se deteriora. Al crecerla, existe una relación de cuidado con ella y, naturalmente, tratamos de humanizarla; nos da ternura. ¿Se deben adjudicar cualidades humanas a lo no humano para así formar ternura? Mirar con ternura lo que da miedo, lo que da asco. ¿Por qué dar ternura es dar valor? Quizás mostrar ternura hacia ella no es “antropomorfizarla”, sino aceptar que toda materia participa en una red de afectos y transformaciones. ¿Por qué la materia sigue viva y actuando? Quizás debamos humanizar lo no humano sin poseerlo, solo acompañarlo en su vulnerabilidad. ¿Qué va a pasar si crece hasta un tamaño que no nos permita controlarla? Existe una ilusión de que podemos tener dominio total sobre la materia. Entra esta idea de control para mantener lo incontrolable, lo asqueroso, fuera de la vista o neutralizado. La S.C.O.B.Y. se resiste: se descompone. La materia se rebelará, se degradará, se transformará de formas no previstas. El miedo surge justamente ante esa resistencia de la materia al control absoluto.

A: Quizás haya que perder el control para encontrar el afecto del que hablas, traspasar el miedo realmente viviendo. Quizás la ternura que nos da un bebé es la misma que nos da la S.C.O.B.Y. ¿Somos madres de la materia viva engendrada por lo que el sistema nos hizo creer que era inmundo y marginal? Si lo viscoso es marginal, me resigno a centrarme. Fuerza viscosa y ternura como fuerza. Tienes razón, yo también, cuando vi que mi S.C.O.B.Y. creció, no pude evitar querer tocarla, y era un sentimiento umbrálico, hacia tenerle mucho cariño a un ser que yo misma crecí y, al mismo tiempo, teniendo miedo de su atrocidad sin ojos, temiendo su vitalidad gomosa y simbiótica. ¿Cómo puede haber tantos seres en uno? ¿No éramos unidades enteras las que se llaman conscientes? ¿Por qué, de pronto, querer tocarla me hizo querer ponerle nombre y verla como una unidad primigenia? El noúmeno superó al fenómeno, y ya no hay distinción de sentires, solo una amistad entre especies. Las contradicciones se aceptan y se dejan reposar con calma en la repisa, dentro de un contenedor de vidrio, fermentando la intimidad y el diálogo entre ellas. Así, tal cual como en nuestra amistad, querida Sofía.