Espuma de mar, el sonido como forma de consciencia hiperbólica y desobediencia placentera (2025)
Dejar de utilizar el grid: una invitación al placer
Me rehúso a experimentar la vida solamente a través de la mente, es en la experiencia de la escucha donde encuentro una oportunidad para sentir desde una intimidad con la realidad expresada en ondas. Tengo una personalidad muy obsesiva, y considero que la escucha me ha ayudado a entrar en un estado más placentero con la vida. La mente nos sintetiza, nos quiere encasillar en lenguajes aprendidos que devienen en conductas complacientes, para producir y estar, la primera antes que la segunda. Puedo recordar con facilidad que la experiencia de la escucha es la que me ha acompañado desde momentos en los cuales no he podido nombrarme del todo. Escuchar es lo más parecido a un respiro. Mi mente crea historias lineales que mi cuerpo pretende conseguir en ritmos inalcanzables.Mi interior es un coral que llevo por vísceras, siguiendo un baile en la marea de una oscilación climática, y en algún punto, la línea mental choca con las faldas de la montaña subacuática creando la extinción de mis recuerdos ¿Mientras la ciudad y su curso ruidoso avanza, el coral de mi cuerpo se extingue? Mi entorno urbano y virtual me fragmenta, mi capacidad de ser es por cachos. Mi intención de ser sonora es recuperar los ritmos de mi propia marea natural, aquella que comparte un ecosistema con todas las suaves algas del mundo ¿Puede conciliarse el ritmo natural dentro de un cuerpo que vive en la ciudad?
Ser sonora significa disponerse al otro. Ser sonora significa aceptar el caos de los paisajes ruidosos, coloridos, tristes, estridentes, toda la variedad de tonalidades emocionales que componen una orquesta la cual atraviesa nuestra capacidad de edificar nuestros sentidos. Ser sonora es dejar a un lado el sobre pensamiento y comenzar a estar presentes en el aquí de una onda. Ser sonora es escuchar plenamente, durante poca o larga duración, algo o a alguien sin miedo a descubrir lo que este diálogo detone dentro del coral que se nutre de la diafanidad con la que el mar decide nunca acabarse.
Si la ruidosa ciudad me permite aún ser sonora —componer mi entorno a través la escucha— la escucha puede volverse un espacio seguro donde la fragmentación se convierta en una experiencia que continúa hacia el infinito de nuestros sentidos, algo que pueda llevarnos de nuevo a la consciencia de ese coral meditabundo que compone nuestros deseos. Desde mi experiencia comparto este paisaje sonoro personal, ese que mi madre reproducía en su útero mientras el agua se movía. La vida se anunciaba. Si me pongo a analizar de cerca mi experiencia con la escucha profunda, desobedezco a mis propias formas arraigadas de ser, la que sobre piensa en automático. Ya no hay una mente que domina, ya no hay años ni etapas que dividen el espacio, ni limites para nuestra capacidad de ser y estar con el otro. Mientras el sonido que emite la vida atraviesa capas gruesas de concreto, la escucha está ahí para dinamitar las barreras que impidan su sintonización.
En mis años de universidad me encontré con las brillantes prácticas e ideas de Pauline Oliveros acerca de la escucha profunda en las que dictamina la experiencia de la escucha como una práctica de atención al ambiente en general. Desde los sonidos de nuestro diálogo interno que ocurren en silencio, hasta un bosque lleno de cícadas y cascadas gritonas. Pauline habla del espacio como un ente sonoro que hay que cuidar poniendo mucha atención, registrando lo que crea en nosotros escucharlo. A partir de estos descubrimientos teóricos, la escucha profunda ha sido una práctica que he intentado llevar conmigo de una manera más consciente. De pronto me interesan más las tonalidades de las voces de mis amigas mientras conversamos que la música en sí misma, me acerco desde un lugar dialógico con el mundo que musicaliza mi experiencia.
Si no escucho, no me escucho, no puedo estar para lo demás. La escucha es estar para mí, de una forma presente. Esto no es autobiográfico, es que desde que nacemos escuchamos, desde que nacemos el continuum sonoro nos atraviesa. Desde que soy niña, escuchar ha sido mi forma de tomar decisiones. En qué parte del tren me siento, en qué cuartos me gusta dormir y en cuales no disfruto hacerlo por los sonidos que hay alrededor, las voces de las personas que elijo para transitar etapas e historias. En particular siento una atracción especial por el mar, y mucho tiene que ver con cómo me hace sentir el escucharlo. Escuchar a mis amigas, mi familia, al mar y a la vida, me permiten enunciar que estoy, de una forma más abierta a posibilidades que la mente no puede predecir mientras el cuerpo mide su deseo. Relaciono mucho este deseo con la posibilidad de sentir cariño. Creo que la escucha cuando es profunda y sin juicios, trasciende los formalismos ruidosos urbano/naturales, ayuda a practicar el músculo de interesarse por algo. En la medida en la que me intereso por algo, genero curiosidad, y la curiosidad es la forma de respeto más grande que existe.
Esto me enseña la escucha, que no hace falta la música para que el oído pueda ser una forma sensorial de vincularnos de manera respetuosa con los entornos urbanos y naturales que nos contienen. Podemos ser agencia en una espuma de mar que se arrastra en un loop contra la arena, dándole una tonalidad, un ritmo al sonar de los otros.
¿Somos una masa sonora medible en el espacio?
La práctica de la escucha profunda de la musicalidad de los ambientes que transito todos los días, de mi cama mientras sueño hasta mi carro mientras llevo 40 minutos parada en Periférico Norte, configuran mi percepción simbólica del espacio. De una forma visceral, estos ambientes detonan en mi ser sonora información infinita, me rehúso a pensar que mi deseo puede cuantificarse, medirse en píxeles o centímetros ¿Es posible medir un sonido? ¿Dónde comienza y dónde termina nuestra experiencia de la escucha? ¿Hasta dónde llega mi piel cuando escucho un sonido y su disrupción causada por muchos otros agentes alrededor? ¿Cómo es mi experiencia de la escucha si mi arqueología interna es puesta en primer plano? La atención profunda a nuestra experiencia de la escucha deviene en devoción, que esculpe la masa inmedible. La devoción esculpe la masa inmedible. La devoción esculpelamasainmedible. La devoción esculpe la masa inmedible. La devoción esculpe la masa inmedible. La devoción esculpe la masainmedible. La devoción esculpe la masa inmedible. La devoción esculpelamasainmedible. La devoción esculpe la masa inmedible.
En esta investigación, en la que busco medir mi experiencia sonora, he leído acerca de geometrías no simétricas, como el espacio hiperbólico y las pseudo esferas. Estas formas de graficar el espacio elaboran un modelo de lo infinito porque cuestionan el quinto postulado de Euclides (geometría simétrica), el de las líneas paralelas. En la geometría euclidiana, un punto exterior a una recta solo puede trazarse en línea paralela a ella. Por otro lado, la geometría hiperbólica dice que en ese mismo punto pueden trazarse infinitas líneas paralelas que nunca se cruzan con la recta original. Esa simple variación cambia completamente la estructura del espacio: hace que las rectas se separen indefinidamente y que el espacio se “abra” hacia todas las direcciones. En consecuencia, no hay límites, y los cuerpos nunca se cierran sobre sí mismos, generando un centro que se expande hacia todas las direcciones de lo posible. No soy matemática y estoy lejos de serlo. Pero apenas comprender este modelo del espacio me parece un recurso que me ayuda a graficar lo que siento cuando escucho, cuando soy este ser sonora que les mencionaba antes. Mientras que el quinto postulado de Euclides puede ser observado en la retícula y los espacios simétricos, una gráfica hiperbólica puede demostrarse de manera válida y universal en formas de vida no-humanas como en los nudibranquios, los corales, las lechugas, y en una variedad de asimetrías fascinantes (1).
El verano de 2025 lo pasé en las playas de Baja California Sur snorkeleando. En un día feliz de mar verde azulado, me encontré con un par de nudibranquios y no pude evitar flotar sobre sus cuerpos, aguantando la respiración, para observarlos con calidez. Fue como escuchar sus pensamientos, una conversación que atesoro con mucho cariño ¿Puede una sentarse sobre la curvatura negativa de las aguas para escuchar a los corales, al denso mar atravesando los cuerpos hiperbólicos que cruzan miradas viscosas, la mía y las suyas? Un triángulo en el que nadie somos vértices, un centro blando. Después de unos meses desde aquella experiencia, hoy comprendo lo importante que fue ese encuentro para mi acervo vital. Ese día mi relación con la experiencia sonora, que hasta hace no muchos años había vivido en modo simétrico y fragmentado dentro de mi IPod nano, se volvió asimétrica, incomprensible en los “bordes” de mi mundo. Debajo del mar el infinito hizo sentido por unos minutos y eso llena de devoción mis hombros asoleados. Gracias compañeros de la blandura por ampliar mi noción de lo que significa escuchar, gracias a los cuerpos sonoros que integran mi atención en ondas que nunca se cierran. Este espacio abierto y curvo me hace pensar como una identidad puede expandirse: doblada hacia múltiples posibilidades, reverberándose en ondas espesas de afecto y compromiso con los sonidos que evocan presencia.
Me parece importante llevar estas reflexiones también a la experimentación sonora/musical porque considero que la escucha es un sentido que hemos marginalizado. El mundo está sobresaturado de imágenes que nos disponen a ver, nuestro sentido más explotado y banalizado por dicha sobreexplotación. A través del sonido empatizamos de otra forma, se descubren partes nuevas de nosotras llenas de intimidad natural. Hay tanta información sonora que espera a ser recibida, considero una negligencia social e incluso política ignorarla o pasarla desapercibida. Escuchar es accionar con responsabilidad hacia lo que nos atraviesa. Así como las matemáticas son graficadas en formas de vida suaves, la práctica de la escucha puede explorarse en el arte, al que considero el mejor proceso para conectar con el entramado social mediante formas de expresión antidestructivas, necesarias para el mundo roto en el que vivimos.
El arte crea espacios donde la percepción se edifica a través de las emociones y los sentidos, lo que me hace pensar en el concepto de Oliver Sacks de Gusano auditivo (2), en el que describe al fenómeno en el que fragmentos musicales se repiten de manera involuntaria en la mente de una persona, afectando la memoria auditiva. La experimentación artística con enfoque en la escucha profunda nos permite crear estructuras hiperbólicas (abiertas y sin límites) con el fin de sentirnos unidos al otro y crear memorias en conjunto. La escucha expande el cuerpo y la noción del tiempo, estimula la introspección y la capacidad de reconocernos como seres entrelazados con lo natural, con lo social y lo político. También nos permite reconfigurar nuestra forma simétrica de medirnos a nosotros mismos, nos reúne en la aceptación profunda de ser opacos (3) , y por ende, asimilar el proceso de la vida misma como un movimiento interminable que nos ocurre aunque no podamos enterarnos del todo. “La geometría euclidiana es conveniente, pero eso no significa que sea la que utiliza la naturaleza” (1997) señala Daina Taimina, y yo le robo un poco sus ideas y pienso con ella: La percepción generalizada del entorno sonoro como algo finito y limitado en su capacidad de crear paisajes simbólicos favorece a los sistemas políticos que nos quieren mantener bajo un trance de conciencia individualista, desvinculados de nuestro entorno. Pero eso no significa que sea lo más conveniente para la naturaleza y para nuestros ecosistemas afectivos.
Bibliografía:
Butler, J. (2005). Giving an account of oneself. Fordham University Press.
Oliveros, P. (2005). Deep listening: A composer’s sound practice. iUniverse.
Oliveros, P. (2010). Sounding the margins: Collected writings 1992–2009. Deep Listening Publications.
Sacks, O. (2007). Musicophilia: Tales of music and the brain. Alfred A. Knopf.
Taimiņa, D. (2009). Crocheting adventures with hyperbolic planes. A K Peters/CRC Press.
Notas:
(1) La matemática y artista Daina Taimiņa demostró cómo los modelos de crochet pueden materializar la geometría hiperbólica, revelando su presencia en estructuras naturales y orgánicas. Véase Daina Taimiņa, Crocheting Adventures with Hyperbolic Planes (Wellesley, MA: A K Peters/CRC Press, 2009).
(2) Oliver Sacks describe el “gusano auditivo” como un fenómeno en el que fragmentos musicales se repiten de manera involuntaria en la mente de una persona, afectando la percepción y la memoria auditiva; lo analiza desde la neuropsicología y la experiencia subjetiva de la música. Véase Oliver Sacks, Musicophilia: Tales of Music and the Brain
(3) Judith Butler utiliza el concepto de “opacidad” para referirse a la idea de que los sujetos no deben ser completamente comprensibles ni reducibles a identidades definidas; la opacidad protege la singularidad y la complejidad de la existencia frente a las normativas sociales y los intentos de categorización. Véase Judith Butler, Dar cuenta de sí mismo (New York: Fordham University Press, 2005), 44–46.
Bibliografía:
Butler, J. (2005). Giving an account of oneself. Fordham University Press.
Oliveros, P. (2005). Deep listening: A composer’s sound practice. iUniverse.
Oliveros, P. (2010). Sounding the margins: Collected writings 1992–2009. Deep Listening Publications.
Sacks, O. (2007). Musicophilia: Tales of music and the brain. Alfred A. Knopf.
Taimiņa, D. (2009). Crocheting adventures with hyperbolic planes. A K Peters/CRC Press.